La jaima de la poesía saharaui
generación de la amistad saharaui
lunes, 6 de febrero de 2012
Ali Salem Iselmu, en el periódico, EL PAÍS.
lunes, 3 de octubre de 2011
Presentación de "La maestra que me enseñó en una tabla de madera" en Tres Cantos, Madrid
El Grupo Literario Encuentros y el Grupo de Apoyo a la Unión Nacional de Mujeres Saharauis han presentado este sábado 1 de octubre de 2011 en Tres Cantos el libro de Bahia Mahmud Awah “La maestra que me enseñó en una tabla de madera”.
Acompañando al autor en la mesa se encontraban Germán Ojeda, del Grupo Literario Encuentros, Gonzalo Sichar Moreno, epiloguista del libro y director de la Editorial Sepha y el profesor Juan Carlos Gimeno, del Dpto. de Antropología Social y Pensamiento Filosófico Español de la Universidad Autónoma de Madrid.
Presentó la mesa Germán Ojeda, del Grupo Literario Encuentros, que realiza una labor de difusión cultural entre los vecinos de Tres Cantos desde 1989.
Gonzalo Sichar, editor del libro, señaló que “La maestra que me enseñó en una tabla de madera”, a pesar de que trata sobre el sufrimiento del pueblo saharaui, es un libro alegre, la política y la Historia están por detrás, y sobre todo está presente el amor por la madre y por la tierra.
El profesor Juan Carlos Gimeno destacó, como amante de la literatura, el trabajo literario de Bahia Mahmud y sus compañeros de Generación de la Amistad, a pesar de que la solidaridad con el Sahara está más volcada en la causa que en la literatura. El Sahara es un drama, donde los derechos de la gente chocan con los intereses de las naciones. Por eso la cuestión del Sahara es objeto de buena literatura. El trabajo de los escritores saharauis está consiguiendo la normalización de la producción literaria de unas personas que viven un gran drama personal. Bahia y sus compañeros de grupo forman parte del proceso que llevó al pueblo saharaui de su territorio, justo cuando luchaban por conseguir su libertad, al éxodo. Además viven inmersos en un segundo exilio, primero al hacer sus estudios fuera de su tierra, en el caso de varios de estos escritores saharauis, en Cuba. El profesor Gimeno también ha destacado como la herencia del español en el Sahara apenas corresponde a la labor de la metrópoli, que no apoya en la conservación del idioma en su antigua provincia. La mantienen los propios saharauis, muchos de ellos escribiendo buena literatura. En el Sahara habitan las dos lenguas y conviven mezclándose. El trabajo de estos escritores está recordando también las raíces del pasado. Así en el libro de Bahia se dialoga con el pasado a través de la relación con su madre. Juan Carlos Gimeno ha destacado que, como antropólogo, el trabajo que ha realizado Bahia permite conocer muchos aspectos de la vida de los saharauis.
El autor, Bahia Mahmud Awah explicó que el libro surgió a partir de la vida de un niño nacido en el desierto, pastor de dromedarios, cuya madre fue su primera maestra y le enseñó en una tabla de madera, el louh, donde los niños saharauis aprenden sus primeras lecciones de árabe. El autor habla sobre la Historia de su pueblo en estos últimos sesenta años, a través de pequeñas anécdotas y personajes saharauis. A veces las historias son divertidas, otras harán comprender al lector el proceso vivido por el pueblo saharaui hasta nuestros días. Hay historias de la época de la metrópoli cuando el autor era un niño, recuerdos sobre su éxodo mientras los invasores mauritanos y marroquíes invadían el territorio tras la retirada de España. El autor también recuerda su huida por la noche tras una decisión coraje de su madre. Bahia afirmó que pretende con el libro que el lector conozca parte de la Historia de los saharauis, a través de las anécdotas que cuenta y de los personajes que aparecen en el libro. En “La maestra que me enseñó en una tabla de madera” hay también mucha literatura árabe y hasania, el autor recibió muchos conocimientos de poesía a través de su madre, también poetisa, aunque nunca registró nada, como suele ocurrir entre los poetas saharauis en hasania.
Tras las intervenciones, se estableció un interesante coloquio con el público presente. Hay que destacar la intervención de Victoria Peralta, del Grupo de Apoyo a la Unión Nacional de Mujeres Saharauis, verdadera alma mater de la presentación, que destacó con sus palabras la vital importancia de las mujeres saharauis en la construcción de la nueva sociedad saharaui.
“La maestra que me enseñó en una tabla de madera” es un libro sobre las mujeres saharauis, madres, maestras, administradoras, enfermeras, verdaderas impulsoras de desarrollo en su sociedad. Este libro es el sueño todos los saharauis de volver a la tierra donde nacieron y donde están enterrados los antepasados.
Encuentro en torno a la literatura saharaui
En el año 2005 nueve escritores saharauis fundaban en Madrid la llamada Generación de la Amistad. El grupo, que se caracteriza por escribir en castellano, se constituía como plataforma de expresión literaria. Escritores españoles como Antonio Polo estuvieron en el acto inaugural de la generación que -además- denuncia la situación política del pueblo saharaui.
Para hablar de literatura saharaui en castellano y de la literatura en árabe hassania, la Generación de la Amistad se ha dado cita en el I Seminario de Literatura Saharaui Encuentro de escritores de la Generación de la Amistad que tuvo lugar el pasado viernes en la Universidad de Alicante.
Los escritores y editores españoles Antonio Polo, Conchi Moya y Ana Rosetti participaron en la mesa redonda La cuestión saharaui y su recepción en la literatura española, y la Sede Universitaria recibió a varios escritores saharauis, entre los que destacan Larosi Haidar, poeta, traductor y profesor en la Universidad de Granada. Haidar ha recogido y adaptado al castellano la tradición oral hassania en la obra, editada en 2007 “Cuentos saharauis. Traducción y aproximación a los cuentos de animales”.
El sábado, las 18.00 horas y previo al acto de clausura, una jaima instalada frente a la Sede Universitaria Ciudad de Alicante fue el escenario abierto a todo el público que albergó el recital poético “Encuentro de la Generación de la Amistad”, donde intervinieron algunos de estos autores.
Organiza el Departamento de Filologías Integradas y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes de la UA, la Generación de la Amistad Saharaui y la Asamblea Sáhara Occidental de la Universidad de Alicante. Colabora el Vicerrectorado de Extensión Universitaria.
martes, 2 de agosto de 2011
Exiliados(5). Maimuna
Los papeles
(continuación...)
Los papeles para los extranjeros son más importantes que la comida y la ropa. Se enfrascan tanto en ellos que, hasta se les olvida su dignidad, muchas cosas cotidianas y perecederas se dejan a un lado hasta cuando se pueda. Y los que les rodean también se impregnan de su situación, hasta comen y respiran de ella. El extranjero se convierte en víctima de su situación, ya le teme a todo y a todos y su propia familia se hace su enemigo numero uno irremediablemente, le hacen sentir el don nadie, el inútil, el débil, porque si fulano pudo, o aquel hizo esto o hizo lo otro y mengano se fue a tal lugar y sobornó a aquel y compró aquello y le dieron los papeles, porqué él no? Mas aquí cerca, los que le rodean le ven como el desdichado y dirán, bah! lo que le espera!, no será fácil y, se alejan de él, nunca le acompañarán a nada porque no tienen tiempo y, como aún no trabaja ni tiene dinero, recibirá sin remedio todas las broncas necesarias e innecesarias y solo él beberá de sus penas y, tiene que buscarse el momento adecuado, la hora precisa para contarlas, en ese momento, cuando encuentra la persona adecuada para desahogarse, verá en su cara, la pena que le da y enseguida se apresta a decirle: ahora pago yo, no te preocupes, ya algún día pagas tú; ojala, responde el desdichado foráneo en silencio.
Pero, el que los consigue, no termina allí su historia ni mucho menos. Ahora le espera una infinita carrera hacia la meta deseada, ahora que todo parece terminado después de conseguir los papeles, es cuando empieza la verdadera lucha por la vida, la supervivencia, el bienestar y un sin fin de sueños, la mayoría ya concebidos en su tierra natal. La guerra ahora es jodidamente dura y larga y solo acaba con la última bocanada de aire.
Y esa guerra es contra mil enemigos con mil caras, contra la xenofobia, los tópicos, el sexo, la indiferencia etc. Y, siempre se dará cuenta de todo ello, poco a poco, hasta que llega el momento definitivo de percatarse de una vez por todas, que, simplemente todo es más sencillo de lo que se piensa y, entonces se encomienda a la suerte, y ya lo que busca en ese instante es sobrevivir y tantear cuantas veces pueda a la dichosa suerte. Todo lo demás, le salpica y él solo puede dar un par de brochazos al aire y luego limpiarse él mismo las salpicaduras.
Esto solo es algo de los tantos rompecabezas que sufren los inmigrantes, que siempre de una manera u otra se atendrán a sufrir más. Pero aún así todos se meten de cabeza a la aventura sin dudarlo.
Maimuna se adentró en una sociedad extranjera, con todos sus pros y contras. El cambio fue aún más difícil, por el hecho de que ella procede de una cultura que, en algunas cuestiones es intransigente, porque entre otras mil razones, ahora esta forzada a ejercer algo que en su tierra es intolerable más que eso, irreconocible y, mantener en la medida de lo posible aquello que atañe a sus costumbres y tradiciones que, ya estaban ligados a ella, porque las mamó de niña. Pero ella entonces, puta se hizo y de lo que cosechó aparte, también. Todo quizás en venganza. Todo, talvez, es represalia. Será todo eso o, simplemente, ser puta es un placer.
El miedo propio de un Sin Papeles acompañó a Maimuna en su primer viaje a una delegación del gobierno para entregar su petición del permiso de residencia y trabajo. Su amiga le había dicho que tenía que irse a Badajoz, que es donde es más fácil conseguirlos, ya que en Valencia era una pérdida de tiempo, -le decía- aquí mandan los políticos más extremistas del país y ni pierden el tiempo en documentar a extranjeros. Y la verdad que no era eso último, sino, que los rumores, con respecto a los papeles, ahora vienen de tierras extremeñas, como antes de Jaén y en su momento de Barcelona. Y el comentario de lo de Valencia, no era más que un inciso, que cualquiera contando algo se permita esa licencia de agregar, modificar u obviar algún que otro detalle.
Llegó bien temprano a la sede de la delegación del gobierno de Badajoz y ya había gente antes que ella con los mismos propósitos -sabe Dios si vienen por el mismo rumor, aunque seguramente que si, porque los vientos que corren en la estepa española llegan a todos los inmigrantes por igual, con o sin matices-. Ante sus ojos se levantaba un edificio de dos plantas recién remodelado, ya por enésima vez en la fachada a lo que se refiere, que conserva como tal su aspecto neoclásico, pero que por dentro, es otra cosa, es totalmente diferente, moderno e irreverente, donde se nota claramente la norma, neo-construcción: espacio-función.
Una barrera de seguridad y un escáner presidían su entrada, escoltados por sendos policías y un por de vigilantes de seguridad un poco más atrás. A la entrada se ven las paredes revestidas con escayola, lisas de color blanco inmaculado, el techo, o falso techo, esta formado por cuadrados que van simétricamente a todos los lados hasta perderse de la vista; la iluminación se ajustaba a las funciones y dimensiones de cada estancia. Todo estaba adaptado a las necesidades del inmueble. El edificio parecía una figura tridimensional rellena con infinidad de paneles luminosos informativos, y otro tanto de círculos y cuadrados en el techo, en los que se alojaban la luz, los altavoces, los sistemas de ventilación y de incendio etc. mesas atestadas de dípticos y trípticos informativos en varios idiomas, salas de espera enumeradas de diferentes colores, mobiliario hermético y uniforme, cables esparcidos por doquier, ordenadores y, un sin fin de máquinas electrónicas; también carteles informativos de todos los tamaños y colores pegados en las paredes y paneles dispersos por todo el recinto. Y en el patio interior, había una gran sala donde se alineaban infinitas sillas para los usuarios. Al sentarse en esas sillas y mirar alrededor, se veía una infinidad de pasillos y puertas que ninguna era la de los baños, que debían de estar escondidos en un sitio recóndito.
Los funcionarios que allí trabajan, incluidos los de seguridad, siempre tienden a ser apáticos, excepto uno o una, que todos, saben cual era y en qué mesa solía estar, o en qué posición solía estar, si es guardia o policía, por lo que todos quieren que les atienda, porque siempre resuelve las dudas con gran profesionalidad, pero a la vez con una afabilidad exquisita y todo porque si. Las personas inmigrantes, en sus rasgos se marca con claridad su origen, pero por sus indumentarias, todos denotan el toque de moda más actual y, algunos que otros vienen acompañados de oriundos. Y, no falta nunca el presumido o presumida de turno.
En esta situación, Maimuna se disponía a entregar su dossier sin ni siquiera saber lo que tenía que hacer o, si tenía los documentos necesarios. Pero, al menos estaba en el sitio adecuado para un primer paso. Los nervios y la incertidumbre la acosaban en todo momento. Hasta que al fin entró a la gran sala de espera donde reinaban el silencio, las miradas y remiradas, allí esperaría otro tanto hasta que por fin la llamen para ser atendida,
Entregar los papeles, no significa nada, pero ese hecho por primera vez, a un inmigrante le parece haber cruzado una línea imposible e incierta en otro momento anterior. Recibe un resguardo con su foto, un cuño redondo de color fucsia y otro cuadrado del mismo color generalmente, con una infinidad de números y barras. Este papel se convierte en una especie de salvoconducto dentro del país, que le sirve como identificación ante las autoridades. Ahora, parece más integrado, pero no, quizás ahora ese papel sea el principio de una expulsión, pero no antes de una interminable carrera hasta que termine todo y se demuestre algo, a favor o en contra. La carrera hacia la legalización definitiva puede llegar a durar más de tres años o más de diez. Mientras, sus endebles almas se retuercen entre las ganas y los deseos, pero qué más da, lo importante es sobrevivir al incordio y la marginalidad. Maimuna acababa de iniciar su propia carrera de fondo donde puede llegar o, morir en el intento, ahora que la suerte se implique. Ya la familia Martínez le había advertido que en cualquier momento podía contar con ellos incluso en el tema de los papeles, cosa que recuerda constantemente y dado el momento que estaba viviendo ahora, no era mala idea recurrir a ellos, vamos, ni mucho menos. Mas ella volvió a Valencia a casa de la amiga para reemprender el trabajo que había dejado.
Pero ni encontró a Maaluma, ni se reincorporó al trabajo, porque ya la habían sustituido por otra persona. Solo había estado ausente tres días, en los que apenas durmió o comió. El cansancio le pudo y esa noche se quedó dormida en un banco cercano a su ya ex domicilio.
(continuará...)
Chejdan Mahmud
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jueves, 7 de julio de 2011
La música inundaba jaimet Rrag (la jaima de la boda). En su centro habían improvisado un cuadrilátero de tela blanca como escenario del baile, para que el público sentado alrededor no la traspasara. Dentro sólo bailaba un hombre y que para no ser reconocido por la gente cubría su rostro con un turbante. Saltaba de un lado a otro estirando sus piernas hacia el aire como tijeras oxidadas y con el tornillo flojo. Buscaba entre el público algún cómplice y cuando no lo hallaba empujaba hacia el perímetro a cualquier persona para que le hiciera compañía. La gente intercambiaba miradas de desaprobación y tomaba al hombre por loco.
- "Es mejor la jaima vacía que éste pobre diablo bailando solo", susurró el Auzir, el ministro de la boda, al agobiado novio, asfixiado entre la multitud de parientes, amigos y desconocidos. Un par de amigas o familiares de la novia - ausente por decreto - estaban dispuestas a bailar y animar la boda, pero desistieron ante la inesperada presencia del familiar mayor, transgresor de los códigos no escritos que no permiten su presencia en una boda.
Boda que el grupo musical no lograba animar. Algunos hombres, en su mayoría de pie al final de la jaima, llevaban las manos cruzadas o en sus bolsillos y se camuflaban bajo sus turbantes, para ver sin ser vistos. Masticaban frases: “Esta boda, más que boda, es un entierro”, susurraba uno. “Floja. Insípida”, decía otro. Porque no habían visto mujeres hermosas y porque el cuadrilátero estaba desierto y no acababa de animarse y anhelaban ver muchachas joviales bailar sobre las alfombras.
Un grupo de mujeres que formaba un semicírculo en una esquina, juzgaba que no existía mejor escaparate para las jovencitas que una boda. No tanto bailar, como ser vistas, y quién sabe, suspiró una, quizá mi hija, sea la elegida. Aburrida de tanto murmullo se levantó la muchacha de melhfa color rojo vivo y mirada enigmática. Bailó y alumbró la jaima más que el ruidoso generador de luz alquilado. El vuelo de sus manos era música con la música. Oleaje, pan, cintura de duna. Promesa que enlazaba danza y deseo. Manantial su cuello, líquida fragancia, burbujeante el ritmo de sus pies descalzos sobre la alfombra. Los turbantes que antes ni siquiera sospechaban de su existencia, ahora preguntaban “¿quién es la muchacha de la melhfa roja?” Querían saber su nombre, su familia, su fracción, su tribu y, “¿en qué campamento vive?”.
Detrás de ella salieron otras mujeres y bailaron, algunas con gracia y hermosura, otras con repertorios complicados, todas orgullosas, con sus cuellos en alto, desafiantes, animadas por el entusiasmo, las ovaciones solidarias, pero no encandilaron tanto como lo había hecho la muchacha de la melhfa roja, que entró, bailó y desapareció. Ella, la afortunada que en boca de todos, se llevó la Cabeza de Avestruz*.
*En la cultura saharaui, Ras Anaama o Cabeza de Avestruz, es el símbolo de la belleza femenina.
Limam Boicha
Exiliados(4). Maimuna
Puta
(...Continuación)
Ser o no ser una cosa, en este caso, verdaderamente no es la cuestión. A estas alturas de la vida no cuenta nada, ni el respeto al prójimo siquiera y, en el mundo, la insignificancia de las almas es cuestión de aspirar y expirar. Las personas se multiplican por uno o por nada para, al menos, sobrevivir dignamente. Esto, y por cuanto, Maimuna estaba en el umbral de la perdición, y se hizo puta, queriéndolo. Y si no lo hiciera, también, a ojos de otros, lo sería.
Se hizo puta y ganó mucho dinero. Tanto, que se regocijó de su suerte. Ja ja ja, aquí y allí merecidamente, -si señor- y, las cosas fueron por su cauce, largo cauce. Los Martínez se repugnaron de vez en cuando de su conducta, pero no tanto para entrometerse, al final y al cabo, los buenos modales y buenas conductas, para quien sea, se escriben en el hondoso e intrínsico laberinto del cerebro, cuando éste, aún se es inmaculado y libre.
La primera vez que Maimuna se dio cuenta que era presa de sus actos sexuales, se mandó a repasar y reiterar su vida tranquila, cuando su alma juvenil, suplicaba por un trozo de libertinaje, aunque sea a cuesta de sus pechos o sus labios o su trasera y, sonrió.
Para cuando se paró a pensar, las águilas ya zumbaban cada día tras su rastro. Y las azucenas y las orquídeas se embriagaban de su halo a cada turbulencia en el cielo de los hedores. Para tanto, el amor, ya estaba cautivo en el recóndito cofre de los horrores, ese que ve a diario y que cuando no se ignora da pereza fijarse en él. Si, Maimuna, una y otra vez suplicó severamente al viento alzando la mirada, incluso más allá de las nubes y de las estrellas, queriendo ser, amorosa. Y finalmente se despertaba la enésima vez de sus enajenaciones y, seguía siendo puta.
Maaluma, era una persona, tremendamente quieta, que no molestaba ni para hablar, pero tenía una cara atrayente que, más de una vez se empapó de atormentadas lágrimas. En una de esas susceptibles luchas, secando unas lágrimas imaginarias, se topó de cara con Maimuna, que la venía a saludar. No se conocían de nada. Pero los rasgos llevaron una a la otra impulsivamente, y nada más verse, se fundieron en un abrazo, como si se conocieran de toda la vida. Y sin sopesar nada, estaban caminando y hablando distendidamente.
Málaga, entonces, fue un mar de risas. Y las gaviotas del mediterráneo se zamparon los peces y los pesos. Maimuna era “hija” de esa ciudad y Maaluma apenas la conocía. De vez en cuando asomaba por allí, a casa de un pariente, que evidentemente Maimuna no conocía. Pero Maaluma se iba y tan pronto luego volvía, para reencontrar a su amiga y entonces, una hacía y deshacía y la otra, también. Porque, en cada reino, uno, es rey.
En una tarde de invierno, cuando las nubes empezaban a juntarse, para enfriar aún más la tarde y congelar la noche, Maimuna estaba esperando a Maaluma, en la estación de tren, cuando una voz la hacía girarse, le estaban saludando en su idioma con voz ruda y jocosa y, ella devolvió el saludo amablemente. Entonces, Brahim se sentó a su lado y directamente empezó a interrogarla y, cada vez más, las preguntas, se transformaban en conversación, mientras, el frío los abrazaba y sus cuerpos se acechaban y se enamoraban más y más.
Salieron de la estación rato más tarde y sin Maaluma. Maimuna, le dijo que su amiga sabía a donde tenía que ir y que no le preocupaba en absoluta no esperarla. Brahim, que nada tenía de qué preocuparse, se dispuso a remarcar un plan. Un plan que iba trazando a medida que iba alargándose y relajándose el momento.
Sin duda, alguno de los dos o ambos, se apremiaba de su suerte y, se regocijaba de la alegría del otro y, ambos seguían la senda que ninguno trazó. Mas, llegó la noche y la oscuridad que vino sin avisar, se adueñó de todo y de todos y, las farolas de la calle, que apenas había una cerca, proyectaban sus luces más allá del silencio tímido de los recién estrenados amantes. Y las alegres sombras que los encubrían se fraguaron con la imaginación desde la primera sospecha.
En un jubiloso césped, se consagró la pareja. Ella le entregó su cuerpo y su alma, y él se afanó más aún y quiso dar algo más de lo que ella dio: su palabra y su honor, como hombre ideal para ella. El chasquido de las hojas secas, hacía de fondo melodioso, mientras sus bocas se relamían jadeantes de éxtasis, y, el desenfreno subía de tono a ritmo de esas hojas muertas y el placer de vivir en las entrañas de otro se hacía sublime.
El día siguiente pasó como pasan los días más felices de cualquiera pareja de enamorados, viviéndolos a todo pulmón y, sin importar nada. Los días sucesivos, también volaron los pájaros y, el severo frío dio paso a la apacible primavera y luego llegó el verano. Los momentos de la pareja, se entrecortaban por tiempo indefinido, porque él, iba a resolver un y mil problemas suyos y de otros. Ella se quedaba siempre en Málaga y frenaba a toda costa a sus desatendidos amigos de la cartera e intentaba sobre todo, conciliar su mente con su alma. Y por fin llegó el siguiente invierno, que ella decidió, lavarse su conciencia y volver a rehacer su vida en otro lugar y ¿quién sabe?, quizás con Brahim.
Chejdan Mahmud
(continuará...)
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martes, 5 de julio de 2011
Relatos
De llamadas, climas y verduras
Cuando parpadeó la azul pantalla del móvil y supe quién me llamaba no pude reprimir una sonrisa, al tiempo pensé: qué trastada inventará ahora. Era uno de sus teléfonos de trabajo. Me llamaba, y no eran pocas las veces, que intentaba aparentar ser un policía, como si todavía uno continúa siendo un sin papeles o un emigrado profuso en líos. Otras veces, mudaba de frecuencia y adoptaba una rugosa voz y ánimo áspero, y se transformaba en empleado que deseaba desahogar su ira, quizá finamente contenida, a través del teléfono, con la primera víctima que tenga al oído. En otras ocasiones, se hacía pasar por un alegre vendedor de enciclopedias, chatarra, o recolector de encuestas.
En algunas ocasiones le sigo el juego y aparento estar desconcertado hasta que los dos nos tronchamos de risa. Pero esta vez no le dejé fingir la voz áspera de burócrata que tanto le gusta recrear, y comencé acribillándole a preguntas. Saleh acababa de llegar de los campamentos de refugiados saharauis. Y Quería que me relatara lajbar, las últimas novedades del mujaiam.
En un mes - me cuenta - nos hemos topado con todos los climas habidos y por haber: dos semanas de calor terrorífico, otra semana de tormentas con fuertes azaafig, tornados de arena, que llevaron por los aires el techo de zinc del beit de mi tío. Llovió durante dos días. Y el resto del tiempo las temperaturas fueron agradables. Pues vaya, sí que ha sido un mes interesante.
¿Cómo encontraste el ánimo de la gente en los campamentos? La gente está cansada, harta. Me llamó la atención que el muchacho que estaba en huelga de hambre. ¿Cómo se llama? El que hizo una huelga durante un mes, delante de las oficinas de la ACNUR en Rabuni. Mohamed…Mohamed Hallab. Pues, es increíble, muchos con quienes conversé no se habían enterado de su huelga, y quien sabía algo, le sonaba a un murmullo lejano. Es que cada vez se escucha menos la radio y se ve menos la televisión saharaui. Claro, con tanta aljazeera, alarabiya, y no sé cuántas cadenas por satélite, vamos marginando lo nuestro. Es una pena. Lo normal es que se complementan. Vi la tele saharaui varias veces, las noticias están bien. Lo más interesante fue un reportaje sobre cooperativas agrícolas. Me impresionó la voluntad de una mujer ya mayor, que tiene un huerto precioso del que está muy orgullosa. Al siguiente día fui a ver los huertos de la wilaya. No había más que una parcela sembrada de cebollas. El resto era una planicie de tierra reseca. Todo el paisaje languidecía. Lo mismo el espíritu de alguno de los trabajadores con quien hablé. Maldecía las tormentas, el refugio, la corrupción, el mundo entero.
Un día fui a Tinduf. En el puesto de control, ese que está a la entrada y salida en dirección a Rabuni. Escuché a un policía argelino decir: no entiendo nada. Veo a los saharauis sacar mucha verdura y fruta de Tinduf, pero al mismo tiempo les veo introducirla en la ciudad. Que sacan frutas y verduras para consumir o vender, lo puedo entender, pero que las traigan de los campamentos a Tinduf, eso no lo entiendo. No, no lo entiendo, repetía esa frase una y otra vez. De dónde la obtienen viviendo en un desierto pelado. Me hubiera gustado presentarle la mujer del huerto que vi en la televisión saharaui.
Limam Boisha
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